miércoles, 30 de marzo de 2011

Should I bring him down? should I scram and shout? should I speak of love, let my feelings out?

Me pasa que a veces no se como manejarme. No entiendo bien cuales son las pautas tácitas de las (no) relaciones que se dan entre... Hombre y mujer (¡en mi caso!). ¿Hasta que punto estas invadiendo? ¿Cuándo llego a esa linea, tan fina a veces, que marca el limite entre ser una mina buena onda y que demuestra interes y ser "la pesada que me habla todo el tiempo y muere por mi"? Siempre me hablan de la histeria femenina, y es real, no la niego; ahora que trato de evitar todo eso que no considero mas que pura pelotudez, me doy cuenta de que no se como actuar o evaluar hasta donde... Mis amigos me dicen que me complico demás y me vivo haciendo la cabeza, ¡pero puta madre! Es muy complicado! Mama, ¿por qué no fue lo primero que me enseñaste? En fin... Tendría que aprender a leer la borra del café y confiar en lo que las formitas indiquen, por lo menos no me quedaría tanto tiempo debatiendo "¿le hablo o no le hablo?"

...

...

...


¿Alguien tiene una monedita de 25 centavos...?

jueves, 24 de marzo de 2011

24·03·2011

Los amigos del barrio pueden desaparecer
Los cantores de radio pueden desaparecer
Los que están en los diarios pueden desaparecer
La persona que amas puede desaparecer.
Los que están en el aire pueden desaparecer en el aire
Los que están en la calle pueden desaparecer en la calle.
Los amigos del barrio pueden desaparecer,
Pero los dinosaurios van a desaparecer.



miércoles, 9 de marzo de 2011

Your trash may be somebody else's treasure

¿Estará ciego o es que acaso tengo una personalidad TAN cautivante que me puede decir: "¿Sabés que sos? Linda, muy linda." incluso cuando tengo el delineador caído y ojeras de muerto?

Algunos hombres tienen MUCHO estómago.

Agradezco su existencia y su mal gusto :)

domingo, 6 de marzo de 2011

Domingos en pijama

Hoy me dormí a las 8 am y me desperté a las 17.30 pm. Odio estos horarios. No me gusta dormir hasta tan tarde, siento que el día pasa más rápido.

Aunque me desperté y me agarró un mal humor bestial por ver como pasaban las horas y yo seguía haciendo NADA, ahora pienso que el Domingo podría ser un buen día. Un día en el que quejarse y sufrir y llorar y deprimirse es justificado. En el que por mañana ser Lunes podemos hacer nada todo el día y pasarnos desde que nos despertamos hasta que volvemos a la cama vestidos igual (y muy cómodos). En el que no hay que preocuparse por peinarse ni arreglarse... porque es Domingo. Nadie tiene ganas de nada un Domingo. Puedo ver películas Hollywoodenses de bajo nivel intelectual y llorar cuando Ella lo besa a Él (¡a pesar de todo lo que pasó!) sin sentir que le falto el respeto a mi inteligencia... porque es Domingo. Para pensar tengo toda la semana.

Si uno lo viera así, debería ser el mejor día de la semana. Pero es Domingo y me puedo quejar justificadamente así que...

Yo, los Domingos, extraño tener novio.

lunes, 21 de febrero de 2011

Bienvenido a la ruta perdedora

Este lo escribí durante el viaje al sur... Espero que guste, pero el que lea opine y critique!


Inspirado en Ruta Perdedora de La Máquina de hacer pájaros

Cover, no pude encontrar la original: http://www.youtube.com/watch?v=E4ycc3Q_PTQ

Escena 1
Exterior – Plaza – Día
Por la calle pasan miles de vehículos. Un MAGO (45) con galera y chaleco negro con levita acomoda una mesa con patas plegables en la vereda de una ciudad. En un paño aterciopelado de color violeta a modo de mantel acomoda sus artilugios. De una valija toma una caja de vidrio llena de agua. Dentro de ella hay dos peces, La apoya en la mesa y se agacha hasta que sus ojos quedan a la altura de la pecera. Los peces dejan de nadar y se ponen de frente al MAGO. Este comienza a susurrar sonidos extraños en voz muy baja. Los peces responden a sus palabras con aleteos, giros y saltitos. A unos metros una niña deja de jugar con su muñeca para observar la escena.

Escena 2
Exterior – Espacio – Noche
Dos enormes planetas coloridos sirven de sostén a un HOMBRE (+100) con larga barba blanca. Está recostado y se apoya sobre sus codos. Se mira las uñas, se rasca la cabeza y bosteza. Observa el espacio oscuro y estrellado y mira hacia el planeta tierra. Un asteroide, pequeño en comparación al gigante anciano que se levanta, se acerca a la tierra, pero de un tincazo (no sé cómo se dice!) lo desvía. Cruza los brazos detrás de la cabeza y se recuesta sobre ellos sin sacarle la vista de encima a la tierra. Resopla, aburrido.

Escena 3
Exterior – Vereda de la plaza/Habitación – Día
NAHUEL (23) es alto y flaco. Tiene piernas largas y un caminar desgarbado y desganado. Su pelo es negro y lacio, pegado al rostro. El flequillo le tapa los ojos, que emiten un triste y angustioso brillo. Da largos pazos arrastrando los pies lentamente con la vista siempre pegada al suelo. Tiene una mano en un bolsillo y en la otra un cigarrillo que se va consumiendo por la leve brisa otoñal. NAHUEL viste pantalones negros y una camisa clara. Unas llaves tintinean a cada paso. Nahuel bufa y suspira. A un lado, en un banco en la plaza, una pareja juguetea y se besa. Él le acaricia el pelo a la mujer, que se transforma en otra, CATALINA (29). Besa a NAHUEL, que ahora está sentado junto a ella y juega con su pelo. Él la mira con admiración y le roza la mejilla con el dorso de la mano. Ella le da un beso en la nariz riendo y se levanta de la cama en la que están sentados. Se mira en el espejo y se acomoda los rulos castaños que le llegan hasta los hombros.  Sus rasgos no destacan por ninguna razón, pero sí su abundante cabellera.

CATALINA
¿Cuántos hijos vamos a tener?

NAHUEL
Mmmmmh… ¿dos?

CATALINA
¡No! Dos son muy poquitos.

CATALINA frunce el seño y lo mira haciendo puchero. Se sienta de nuevo a su lado, acercando su boca a la de él.

CATALINA
Dale, decime

Se acerca un poco más, como para besarlo. NAHUEL intenta darle un beso, pero ella rápidamente se aleja. NAHUEL se muerde el labio inferior y niega con la cabeza.

NAHUEL (simulando estar pensativo)
Cien… Doscientos… ¡Un millón! Todos los que vos quieras.

CATALINA sonríe de oreja a oreja y le da un beso cortito.


CATALINA
Con diez me alcanza

NAHUEL
¡Uffff! ¿Diez? ¿estás segura?

CATALINA
Sí, muy segura.

Ambos se ríen

NAHUEL
Bueno, entonces serán diez.

CATALINA sonríe y lo besa en la nuca con ternura.

CATALINA
Y vamos a vivir en la casa de mi abuela, juntos. Llenos de hijos.

NAHUEL
Me encanta la idea.

CATALINA se levanta de la cama y se acerca a la ventana, que tiene vista a la ciudad. Están en un piso muy alto. A lo lejos se ven muchos edificios, calles, autos, gente, negocios, más gente. La plaza: los juegos, la fuente, un banco. En el banco la pareja sentada, besándose y jugueteando uno con otro. NAHUEL, que aún está parado al lado, toma su billetera del bolsillo y de un compartimiento saca una foto tamaño carnet de Catalina. La foto está arrugada. Con el pulgar acaricia la imagen lentamente, para finalmente arrojarla en el cesto de basura con odio.

Escena  4
Exterior – Vereda – Tarde
NAHUEL sigue caminando, con la misma expresión desanimada. En la esquina  ve un payaso que mientras anda en monociclo hace animales de globo. Una decena de niños ríen, cantan y aplauden a su alrededor. NAHUEL lo detiene y lo mira. La cara del payaso es la suya propia, ahora sonriente. La plaza, la calle, la gente desaparece. Solo quedan él y los niños, que de a poco se van callando o yéndose. Cuando queda el último, que se pone a llorar, NAHUEL va pedaleando cada vez más despacio y los animales le salen peor. En su rostro se ve la frustración. Finalmente tira el monociclo y los globos y se va caminando hacia un lado.

Escena 5
Exterior – vereda – tarde
NAHUEL mira al payaso, ha recuperado su expresión triste. Sigue caminando, arrastrando los pies. Llega a una vidriera. Detrás de los maniquíes hay una pared de espejo. NAHUEL se acerca y se mira, se toca la cara estirándose la piel, se deforma, se observa, se analiza. Niega con la cabeza, estudia minuciosamente el reflejo. Se pasa la palma de la mano por la mejilla bruscamente, se golpea la frente y se restriega los ojos balbuceando, confundido y enojado. Se mira de nuevo  y ve como en el reflejo una copia de sí mismo, pero más etérea y translúcida,  se desprende de su propio cuerpo. Su igual le grita e insulta, pero mudo, y se va caminando. NAHUEL observa todo, pero no reacciona. A su lado en el reflejo ahora aparece CATALINA que lo toma de la mano. Ambos se miran, en silencio incómodo.

CATALINA
Nahui…

NAHUEL gira y se pone de frente a ella, pero ya no en el reflejo.

NAHUEL
¿Qué pasa?

CATALINA permanece callada.

NAHUEL (con más ímpetu)
¿Qué pasa, Cata?

CATALINA baja la vista. Tiene los ojos llorosos.

CATALINA
Conocí a otra persona…

NAHUEL la mira con los ojos bien abiertos, abre la boca como para decir algo, pero la cierra.

NAHUEL
¿Qué?

CATALINA
Sí, Nahui… No te quiero lastimar. Pero es lo que me pasó. Estamos enamorados.

NAHUEL la mira desconcertado. Se muerde el labio inferior, ahora la mira con odio, indignado. Con los diente apretados gira de nuevo hacia la vidriera para ocultar las inminentes lágrimas. En el espejo Catalina ya no está. NAHUEL suspira fuerte y mira hacia arriba, conteniendo el llanto.

Escena 6
Exterior – Vereda/andén – noche
NAHUEL continúa la caminata, pero repentinamente, llegando al cruce de las vías de un tren, se detiene. Va hacia los andenes solitarios, hablando bajo consigo mismo. Las lágrimas comienzan a resbalarse por sus mejillas y NAHUEL se habla con cada vez más rabia y el llanto ya resulta casi incontrolable. Patea y golpea con el puño la pared desesperado y furioso. Se oye el ruido del tren, pero NAHUEL sigue ensimismado. Cuando el tren arranca lo mira, pero antes de poder reaccionar éste ya está lejos. NAHUEL lo corre, pero está a cada vez más distancia y finalmente renuncia. Se lleva afligido la palma de la mano a la frente.

Escena 7
Exterior – Vereda – Noche
NAHUEL prosigue la caminata con la misma actitud que al principio. De la mano de en frente hay un cartel que reza “Bienvenidos a la ruta perdedora” con una flecha que indica hacia adelante. NAHUEL no lo ve y sigue caminando por la calle mal iluminada, hasta desaparecer en la distancia.

Escena 8
Exterior – Espacio – Noche
El gigante anciano acomoda y desacomoda las estrellas como si fueran foquitos, todavía recostado sobre los dos planetas, estirando los brazos hacia arriba. Baja los brazos y se queda quieto. Chasquea los dedos, una estrella se apaga. Chasquea de nuevo y se prende. Chasquea varias veces y las estrellas se prenden y apagan, en desorden, como titilando. Para. Mira la tierra, juega con ella. Para. La observa, la mira fijamente durante unos segundos. Repentinamente la toma entre los dedos índice y pulgar, y sin pensarlo dos veces se la mete en la boca y la traga. Vuelve a cruzar los brazos detrás de la cabeza y cierra los ojos.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Contradicción

Amarte, odiarte, amarte, odiarte, amarte, odiarte, amarte, odiarte, amarte, odiarte,
amarte, odiarte, amarte, odiarte, amarte, odiarte, amarte, odiarte, amarte, odiarte,
amarte, odiarte, amarte, odiarte, amarte, odiarte, amarte, odiarte, amarte, odiarte,
amarte, odiarte, amarte, odiarte, amarte, odiarte, amarte, odiarte, amarte, odiarte,
amarte, odiarte, amarte, odiarte, amarte, odiarte, amarte, odiarte, amarte, odiarte.

Sin parar.

Tremendo

Me fui del 8 de Enero al 8 de Febrero al Sur. Maravilloso paisaje... pero más maravillosas mis amigas y la gente que conocí.

Excelente viaje, no me voy a olvidar más. Estoy tan pero tan feliz!

lunes, 3 de enero de 2011

Que se lee de atrás para adelante y de adelante para atrás y dice lo mismo.

Para mí que algún mensajero flasheó y el resto no se dio cuenta. Seguro que los Mayas creían que el fin del mundo era el 21/12/2112, pero todos malinterpretaron.
¡No le encuentro sentido a que la fecha no sea capicúa, por cuestión de UN (breve, corto, pequeño) siglo!

No me jodan, tengo razón.

[El día Martes 04 de Enero del 2011 a las 3.05 am, he dicho.]
[[Que raros son los Eneros, de repente era 2010 y ahora es 2011]]

sábado, 25 de diciembre de 2010

Sauce Luna

Guión inspirado en Casa Tomada de Julio Cortázar




Esc. 1
Exterior – Jardín trasero – Noche
Todo está completamente oscuro, a lo lejos se distinguen unas luces.

Grillos.
Cuerpo choca contra el pasto.
Gemidos de esfuerzo.
Viento.

El viento helado, fuerte mueve las hojas de las plantas muertas mientras JULIO (42) arrastra al hombre aún vivo pero inerte, que va llenándose de pasto seco a medida que avanzan. En su otra mano brilla un cuchillo ensangrentado con mango de marfil tallado.
Avanzan por el costado izquierdo de la casa. A un lado del camino hay plantas secas. Unos metros delante, junto  a una planta completamente deshojada y marchita, por entre dos árboles, JULIO divisa el pequeño pantano  de barro y agua estancada de río, poco profundo que divide su propiedad de la vecina. ELADIO (55) gime, JULIO camina más rápido. Frente al barrizal, toma con fuerza a ELADIO y lo arroja hacia allí para luego saltar él mismo. ELADIO, despabilado por el agua, lo mira a los ojos. JULIO, en un arranque de violencia lo toma del cabello y presiona su rostro contra fondo. ELADIO se agita y en segundos deja de moverse. JULIO lo carga hacia  la corriente del río, dejando que el agua se lleve el cuerpo.

Esc. 2
Exterior – cementerio - Mañana
Hay nubes, el viento sopla. Un CURA habla, pero se escucha apagado. IRENE (48), rostro común, que aparenta su propia edad, viste de luto, un chal de piel, un sombrero con velo y un rodete muy tirante. Se le ven las raíces grises del cabello. Tiene los ojos perdidos y llorosos, pero inexpresivos. JULIO la toma por el brazo, le acaricia la espalda y la besa en la coronilla. Está seria pero afligida. En el centro del gentío hay un cajón de madera oscura, abierto, lleno de flores. Una lápida de piedra gris tiene un texto tallado: “ELADIO Berger 1902-1957”.

IRENE
¿Vos viste cómo nos miran, JULIO?

JULIO
No me parece que tengas que preocuparte por eso en este momento.

  
IRENE
Pero me miran como si yo lo hubiera matado, estoy tan triste como ellos. Era mi marido, ¿es que nadie se acuerda?

JULIO (irritado)
Todos nos acordamos, IRENE.

IRENE
¿Vas a empezar vos también?

JULIO
No, perdoname. En serio, ahora no te preocupes por lo que piensen ellos. Preocupate por vos, por favor. Y no pretendas grandes cosas de esta gente.

Más lejos una señora (67) también de negro le habla a su tía (88). Ninguna está triste y los miran fijo.

SEÑORA
La verdad es que no entiendo a esos hermanos, tía.

TÍA
No, yo tampoco. ¿Qué le vio a la solterona esa, ELADIO?

SEÑORA (ríe entre dientes con ironía)
¿Vos viste esa casa que tienen en el Tigre? Será un poco rústica, pero vale lo suyo. Viven ahí hace años, antes vivían con sus padres y luego se quedaron solos, hasta el casamiento, que ella se mudó a lo de su marido, que en paz descanse. Además heredaron de algún familiar…

TÍA
Ah, ya veo de qué se enamoró ese desgraciado… Pobrecito igual, cómo terminó.

SEÑORA
Sí, pobrecito. ¡Pero mirala a la bicha esa! Ni una lágrima.

TÍA
Y no apareció… ELADIO se ahogó, dicen, ¿no?

SEÑORA
Sí.

TÍA
Ya veo…

Ambas dirigen su mirada hacia IRENE.

Esc. 3
Exterior – jardín delantero – Noche
Rodeada de un extenso jardín una casa pequeña de dos pisos, con un muelle corto, hileras de árboles que la separan de la rivera, el pantano, arbustos secos con ramas retorcidas y grises. Un árbol quemado caído, árboles altos y delgados. Se oye el ruido de un barco y pasos en el muelle. JULIO e IRENE están vestidos como en el funeral y entran a la casa abrazados. IRENE tiene una urna en la mano. El primer  piso es un único ambiente: una sala de estar, un comedor y una cocina. JULIO cierra la puerta y suspira, como aliviado. IRENE no reacciona.

JULIO (angustiado)
Sabés que siento muchísimo lo que pasó, pero espero que el volver a vivir acá, entu hogar, te ayude a sobreponerte.  

IRENE apoya la urna sobre la salamandra y agarra una manzana de la cocina y la lava. Hay cuchillos colgados de una barra de madera, pero ella abre un cajón y saca el cuchillo de mango de marfil tallado. JULIO está sorprendido, IRENE corta la manzana a la mitad y la coloca en un plato.

IRENE (aún inexpresiva)
Gracias, JULIO. Disculpame, pero necesito irme a dormir.

IRENE besa a su hermano en la mejilla, él le pone el pelo detrás de la oreja y la mira con ternura. Sube las escaleras. JULIO, preocupado, la sigue con la mirada.

Esc. 4
Interior – Sala de estar – Noche
IRENE teje y JULIO lee. Están los dos sentados en grandes y cómodas poltronas de amplio respaldo. IRENE frena el tejido para sonarse el cuello. Se queja, se frota la nuca. JULIO levanta la vista por encima de sus lentes de lectura y la observa.

JULIO
¿Estás bien?

IRENE
Sí, me duele un poco nada más. No estuve durmiendo bien.

JULIO
¿Querés que te haga masajes? Soy muy bueno, ¿te acordás?

IRENE
No hace falta.

JULIO
Dale, dejame.

JULIO se acerca y comienza a hacerle masajes. IRENE tira la cabeza hacia delante. JULIO mira las piernas de su hermana, que asoman por debajo de la falda.

Esc. 5
Interior – Comedor – Noche
Los hermanos comen en silencio en una mesa ancha y larga, pero solo ocupan la punta que da a la ventana del frente de la casa.

Ruido metálico de los cubiertos.
Reloj de pie.

Los dos están serios. Intermitentemente cambian de rol: mientras uno mira el plato, el otro lo mira fijo. JULIO va a buscar algo a la cocina y ve que en la barra de madera donde cuelgan los cuchillos queda solo el que había usado para matar a ELADIO.

JULIO
¿¡Por qué faltan todos los cuchillos?!

IRENE
¡Ey! Tranquilo. Los saqué porque hay que llevarlos a afilar.

JULIO
¿Y por qué dejaste ese?

IRENE
Porque ese tiene buen filo. ¿Qué te pasa?

JULIO no responde. Siguen comiendo. De afuera el sonido de golpes, un ladrido y el aullido de un perro. JULIO, sobresaltado mira hacia la ventana. IRENE, da un vistazo rápido y sigue comiendo.  

JULIO (asustado)
¿Vos escuchaste eso?

IRENE
Sí, no sé qué le pasa a ese perro.

JULIO se acerca a la ventana. Ve su reflejo en el vidrio, se sobresalta y cierra los postigos.

JULIO
Cuando te fuiste la casa  se estaba volviendo tenebrosa.

IRENE
¡Que ridículo! No entiendo qué te pasa hoy.

Los dos siguen comiendo, IRENE simula que no le importa, pero está intranquila. JULIO inquieto no deja de mirar hacia la ventana cerrada.

Esc. 6
Interior – sala de estar – noche
JULIO e IRENE están junto a la salamandra. IRENE, en su butaca teje, JULIO fuma su pipa mirando la nada. Están enfrentados, de perfil a la salamandra que divide la sala de estar del comedor. IRENE le da la espalda a una ventana de vidrios opacos amarillos. JULIO está de frente. Las hojas de la ventana tiemblan y golpean suavemente por efecto del viento.

Chapoteo

IRENE no lo nota. JULIO levanta la mirada del libro y escucha con atención. 

Pasos que se acercan

A través del vidrio, se refleja la sombra de un hombre que, rengueando va hacia el ventanal, levanta un brazo y golpea el vidrio, coincidiendo el golpe exactamente con el ruido de un trueno. JULIO que tiene el rostro deformado por el miedo, está pálido y aterrorizado. Grita y se arrodilla frente al sillón de IRENE, le abraza las piernas y apoya su cabeza en su regazo. IRENE le acaricia la cabeza con afecto y se ríe.

IRENE
No me acordaba de que le tenías tanto miedo a las tormentas.

JULIO
¡NNN… NO! Shhh… ¡Vi a un hombre en la ventana, IRENE, mirá!

IRENE (asustada)
JULIO, no seas ridículo.

IRENE se levanta y mira hacia allí. Cae un rayo, haciendo que la ventana se ilumine por unos segundos. Se ve la sombra de las hojas de alguna planta. IRENE se atemoriza, pero intenta disimularlo. Un trueno aún más fuerte anuncia el inicio de una tormenta, y las gotas de lluvia golpean contra el vidrio. El reloj suena con fuerza. IRENE mira con reproche y un poco de burla fingida a JULIO.

JULIO
Bueno, igual es tarde. ¿Por qué no vamos a dormir?

IRENE con alivio toma el suéter a medio hacer, las agujas, y guarda todo en una cesta.

IRENE
Vamos

JULIO
Yo ya voy, me hago un te y subo. ¿Querés?

IRENE
No, gracias, que duermas bien.

JULIO le da un beso tomándola por la cintura y le acaricia la espalda. IRENE lo mira sorprendida, pero lo deja, y se va. Él se acerca a la ventana de los vidrios amarillos y con miedo, tembloroso, las abre para cerrar los postigos. Va hacia la cocina, y de un cajón toma tres candados. Uno a uno va trabando las ventanas con más madera, clavos y cerrajería. Finalmente toma las llaves del cajón y cierra las puertas de la casa, de atrás y adelante, para luego guardarlas en el bolsillo y subir corriendo por las escaleras.

Esc. 7
Interior – Comedor - mañana
IRENE baja por las escaleras y JULIO ya está desayunando. Ella mira las ventanas.

IRENE
JULIO, ¿qué pasa? ¿Por qué está todo tapado?

JULIO
IRENE… afuera hay algo.

IRENE
¿Cómo “algo”?

JULIO
No sé, pero lo mejor es que quede todo como está. Hasta que no sepa qué es lo que hay afuera no quiero abrirlas. Tenemos comida suficiente como para durar meses acá tranquilos.

IRENE se sienta al lado de su hermano, que la abraza protegiéndola. Le acaricia el brazo, IRENE se mira el brazo que le acaricia para luego dirigir su mirada rápidamente, fija, hacia un rincón de la sala de estar donde hay un gran portarretratos con una foto en blanco y negro de una pareja vestida de casamiento.

Esc. 8
Interior – Baño – Noche
JULIO se está poniendo espuma de afeitar con una brocha cuando le da un escalofrío y se queda muy quieto, escucha atentamente.

Ruido de murciélagos.
Viento.
Algún sonido indefinido de lejos.
Arriba, los pasos de IRENE.

Continúa afeitándose. Cuando se enjuaga la cara, todavía con los ojos cerrados, se seca con la toalla. Quedan libres solo los ojos, los abre y mira hacia el espejo, donde se refleja ELADIO, mojado y ensangrentado. Rápidamente se da vuelta, pero no hay nada. Mira de nuevo al espejo, tampoco. Se seca rápido y se va. En el lugar donde estaba ELADIO se ve un charco de agua. Ruido de llaves cerrando la puerta.

Esc. 9
Interior – Habitación – Noche
IRENE ordena una habitación de un hombre. Hace la cama. Toma la sábana de arriba y antes de ponerla, las huele profundamente y con los ojos cerrados las abraza. Hace la cama. Un pesado libro cae del armario. IRENE se sobresalta y se acerca, el libro está abierto, es un álbum de fotos. Lo cierra marcando donde se había abierto con un dedo. En la tapa dice “Adela y Naúm”. Mira de nuevo la fotografía dónde se había abierto: una foto de la familia, todos de la mano: una niña, los dos padres (los mismos que en la foto del casamiento) y un niño. En la otra, su PADRE con expresión muy seria. IRENE devuelve el álbum a su lugar, entrecierra la puerta y sigue tendiendo la cama. La puerta se abre con fuerza y golpea la pared con ruido sordo. De nuevo cae el álbum, pero ahora abierto en otra foto: Una foto de su MADRE regalándole un dije de la virgen niña a una niña en su comunión, En la otra una estampita de Jesús. IRENE mira con horror, lo cierra rápido y lo vuelve a guardar. Se da vuelta rápidamente, mira hacia atrás y hacia los costados. La pesada cruz colgada en la pared cae.

Ruido de brisa
De afuera, viento fuerte.

A IRENE se le erizan la piel y espantada corre escaleras abajo.

Esc. 10
Interior – Comedor/sala de estar - Noche
IRENE baja corriendo las escaleras, JULIO cierra con llave la puerta del baño.

IRENE
¡Julio, hay algo arriba! Tenemos que irnos de acá rápido.

JULIO la mira con miedo y desesperación.

JULIO
¿Pero a dónde querés ir? Irene… están afuera, en el baño, arriba. Nos tiene encerrados. Nos va a matar, Irene.

IRENE desesperada mira para todos lados, abre una puerta al lado de las escaleras. Una corriente fuerte le vuela el pelo. La urna encima de la salamandra se cae y se rompe, esparciendo cenizas por la habitación. Un retrato familiar también, se le rompe el vidrio. JULIO e IRENE se miran con pánico, se dan las manos y corren juntos hacia la puerta del sótano.

Pasos escaleras abajo
Rumor del viento muy fuerte

Esc. FINAL
Interior – sótano – noche

A la luz de una única vela, IRENE y JULIO se miran con miedo. Están tomados de la mano, muy juntos. JULIO pasa su brazo por detrás de los hombros de su hermana que apoya la cabeza en su pecho.

IRENE
Tengo una idea. Dame la vela.

(Alejándose)

Acá me siento un poco más tranquila. Vos necesitás relajarte también

JULIO le da la vela a IRENE, que se aleja unos metros, dejandolo en completa oscuridad. El viento, fuera, ruge con fuerza impresionante. La vela en el platito amenaza con caerse, pero rápidamente IRENE logra estabilizarla. Le castañean los dientes y le tiembla todo el cuerpo. La madera cruje bajo sus pies. Con el pequeño haz de luz de la pequeña llamita va iluminando a lo largo de la pared, donde cuelgan distintas herramientas filosas que a medida que pasa le provocan escalofríos. Igualmente toma una y la estudia con minuciosidad.

IRENE
Raro esto… ¿no?

La inspecciona por todos lados y mira hacia atrás, a JULIO, nerviosa. Él mira hacia la pared de en frente, como buscando. IRENE sacude la cabeza como para salir de un trance. Sigue iluminando la pared hasta que encuentra un armario. En el estante de más arriba hay elementos de limpieza. En el del medio hay alguna vajilla rota y otra sana pero vieja. IRENE toma dos copas de cristal con un poco de polvo, las sopla y las deja a mano en el estante del medio. Corre unos platos y deja a la vista una caja de madera. La saca del armario, la abre con esfuerzo y toma una botella de vino con telarañas y suciedad que corre con la mano. En la etiqueta se lee “Cosecha 1910”.


IRENE
¿Te acordás cuando veníamos a jugar a acá? Desde hace tantos años que están estos vinos…

JULIO (la voz se oye desde más lejos)
¿Vinos? Brindemos, entonces.

IRENE tapa la caja de madera y la devuelve a su lugar. Cuando toma la vela, sin querer, en el estante de los elementos de limpieza, ilumina una botellita: “Veneno para roedores”. Duda un momento, pero finalmente toma la botella.

JULIO
¿Qué hacés?
IRENE (con un leve tono de nerviosismo)
¡Nada! abro la botella.

JULIO
Bueno, te espero.

JULIO escucha atento, mira para todos lados. Se para y busca a tientas en la pared algún interruptor. IRENE mira exaltada hacia el lugar donde está JULIO, temblorosa. Destapa el vino y, con sumo cuidado y silencio, la botella del veneno. Mira de nuevo hacia atrás y aún más estremecida, vierte el líquido venenoso en la botella de vino. Tapa el pico con la mano y la agita un poco para mezclar.

IRENE
¡Ya estoy yendo!

Toma la vela, lleva el vino abierto hasta JULIO, que le tira de una mano para hacerla agachar un poco el cuerpo y le da un abrazo cariñoso. IRENE lo devuelve con fuerza. Se aleja y rápidamente vuelve, con las dos copas. JULIO huele el vino, IRENE lo observa perturbada. JULIO suspira.

JULIO
Va a ser un buen vino

IRENE
Sí. El mejor de nuestras vidas.

JULIO sonríe y la mira con ternura.

JULIO
Siempre quise brindar con vos.

IRENE
Yo no sé si siempre, pero es lo que corresponde.

Sonríe. Chocan sus copas y beben el vino de la copa de un sorbo. Se sirven y beben reiteradas veces, luego se abrazan una vez más. Las puertas golpean, en el jardín el viento sopla violento. El río está crecido y enardecido. A lo lejos, algo que no se distingue flota en el agua, arrastrado por la corriente.

Filossofiabarata's soundtrack