sábado, 4 de octubre de 2008

Instrucciones para deshojar una margarita

Entre en un estado melancólico y evite la tentación de leer el horóscopo o de llamar a alguien por teléfono. Evite, también, escribir sus sentimientos. Piense en que no existe una respuesta racional. ¡Conceda a Flora la autoridad por la que se rijan sus decisiones más íntimas!

Busque el motivo. Tradicionalmente, la gente reserva para este acto los motivos amorosos, pero puede usted someter e este juicio floral cualquier dilema que se le presente: minifalda muy breve o pantalón de pana, medialunas de la panadería o galletitas, subte o colectivo, tú encima o tú debajo, mortadela con aceitunas o sin aceitunas, guerra sí o guerra no, ortografía sí u hortografia si… Usted verá que todo es posible si sabe hacerse las preguntas adecuadas.

Busque una margarita. Si vive en el campo, dé un paseo bajo el sol de noviembre y espere a encontrarse, en un quiebro del camino, con un bello ramo en potencia junto al verde de la orilla, y deje que las abejas y las mariposas terminen lo que estén haciendo. Si vive usted en la ciudad o en el campo urbanizado debe saber que no suelen nacer en el asfalto, por lo que tendrá que pasear en busca de una casa baja, cuyos habitantes hayan tenido el gusto de adornar alguna de sus ventanas con margaritas. En cualquier caso, nunca se dirija a una florería y pague por ellas.

Es posible que usted sienta la necesidad de llevar a cabo este ejercicio en pleno invierno y que le sea imposible encontrar margaritas. En ese caso debe esperar a que entre la primavera. Sea paciente y no trate de sustituir la flor por otra cosa, como por ejemplo las hojas de un best-seller o los dedos de sus manos. No desespere. Apúntelo en la agenda para más adelante, por ejemplo, en octubre, el 14.

Proceda con delicadeza extrema. Tome la margarita en una mano por el tallo. Con la otra mano vaya arrancando pétalos a medida que va descartando respuestas. Cuando quede un número de pétalos lo suficientemente pequeño como para adivinar la respuesta, será el momento en que usted se hará dueño de su propio destino, y podrá, por lo tanto, arrancar de cada vez cuantos pétalos sean necesarios para que la respuesta le satisfaga plenamente.

Una vez que conozca la respuesta querrá saber si le conviene hacer caso de ella. Para saberlo, tome otra margarita y pregúntese si debe hacer caso o no. No se preocupe, no caerá en una espiral infinita. El número de margaritas que hay en el mundo es finito.

1 comentario:

Mu.- dijo...

gracias por visitar mi blog, y qué bueno que lo hiciste porque el tuyo tb me gustó mucho :)

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